lunes, 12 de marzo de 2012

hoy volvió en mi puerta

A veces el verano te regala pobres secretos que caen uno por uno desde las tejas de vidrio hasta el borde acantilado de las rejas.
Los secretos del verano no duran más que dos minutos y cuentan historias perdidas que alguien suspiró al pasar o que fueron escritas en tierra mojada y vinos derramados.
Una vez me topé con uno que vino a parar debajo de mi puerta a eso de las siete de la tarde. Este regalo del viento lo conservé por mucho tiempo y contaba ni más ni menos que la historia de Enero. Lo único que puedo recordar de esos dos minutos son imágenes finitas de manos entrelazadas, palabras simples, cosas sin decir, emociones perdidas y más que nada lejanías. Lejanía en mi vereda, lejanía en el parque que no volví a ver más, lejanías en los asientos y lejanías entre eso que tengo que darte todos los días y eso que olvidás siempre que volvés a apoyar tu cabeza en mis rodillas mientras que acaricio tu vida muy despacito.

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