jueves, 16 de febrero de 2012

un día antes

Fueron pasando como 48 horas
desde que empecé a verte
sentado en el estero, en los bañados
en lo saltos y en el suelo escalonado.
Siempre estás sentado en mi sueño
y me observás bajando la montaña, hacia el Atlántico
siguiendo, siempre en descenso,
hasta los acantilados de nuestro Sur.
¿Y qué pasa si ya caí, y caí mil veces?
¿Qué si los conos de tu volcán, ese volcancito de pasiones, siempre me eyectan otra vez?
Me viste descender por la montaña, caer miesteriosa en aquella mente y revolver entre la hierba, casi convencida de que estabas allí, aguardando mi alma abrazada a los Álamos.

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