domingo, 16 de enero de 2011

escena eliminada




La esperó mirando con suavidad cada detalle de su cuerpo, él se sentía Juan Bautista acechando cada rincón de su delicada figura delineada por sus cabellos pelirrojos.
Pero adquirir el último trago de su belleza no era algo que el considerara.
Su plan constaba en dejar entrar con vida a la infinidad paradisíaca de su hermosura, gota a gota.
Sus corazón iba a funcionar como tubo de ensayos, allí se destilaría el amor puro de aquella virgen.
Muy despacio, con pequeños movimientos abre un ojo y lo contempla. Él ahogado en el mar tibio de sus ojos se inmoviliza mientras que ella siente la mismísima paz con el cruce de miradas y cae nuevamente en el profundo un sueño.
¿Tan confortable cae uno ante el amor? Con cuidado toma su mano y se recuesta a su lado. Juntos caen en aquel mismo sueño.
Caen con una tranquilidad mil veces similar al fluir del perfume Lavanda meciéndose con el viento al llegar a Grasse

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